Una
de las claves para el crecimiento personal, y el consecuente
éxito, prosperidad y abundancia que le siguen, está
directamente relacionada con nuestra disposición a salir de
nuestra "Zona de Comodidad".
Nuestra "Zona de Comodidad" es donde nos sentimos más
cómodos en lo que hacemos en nuestra vida, nuestro trabajo y
nuestras experiencias. Es esa sensación carente de ansiedad
y del sentido del riesgo.
Podría definirse como "Sentirse
Cómodo", pero a la vez podría convertirnos en esclavos de la
rutina.
Tal vez se pregunten, ¿Cómo podemos sentirnos cómodos, y ser
esclavos de la rutina a la vez?, pudiera parecer
contradictorio, pero no lo es, sobre todo si consideramos
que esa comodidad que sentimos proviene precisamente de lo
predecible que se ha vuelto nuestra vida, por haberse
convertido en rutinaria.
¿Suena aburrido?, tal vez, pero... ¿Cuándo fue la última vez
que se aburrieron mientras se sentían cómodos?. El sentirnos
cómodos tiende a crear un falso sentido de bienestar y
seguridad, en el cual encontramos justificación para evitar
todo lo que se encuentre un paso más allá de lo que
consideramos es la frontera de nuestra zona de comodidad.
Esto último podría limitar severamente nuestro crecimiento
personal.
Las zonas de comodidad tienen fronteras, cuando las cruzamos
nos sentimos incómodos. Cualquier cosa o persona que nos
haga sentir incómodos de alguna manera traspasa nuestra zona
de comodidad, nuestras barreras, nuestros límites.
Estas zonas no definen lo que es bueno o malo, conveniente o
no, positivo o negativo, beneficioso o perjudicial, su único
propósito de existencia es proteger nuestra comodidad
personal. Pueden variar radicalmente de una persona a otra,
lo que para una persona es cómodo para otra pude resultar
incómodo y viceversa.
¿Pueden esas zonas incluir estándares, prácticas,
convicciones o comportamientos que se desvíen de lo
socialmente aceptable?, por supuesto que si, así como
también pueden excluirlas. Las zonas de comodidad están
definidas principalmente por las preferencias personales.
u
Importancia
Al adoptar una actitud
complaciente con nosotros mismos, y conformarnos con
permanecer en nuestra zona de comodidad cediendo ante
nuestras preferencias personales, limitamos nuestro proceso
de crecimiento.
El permanecer demasiado tiempo en nuestra zona de comodidad
nos acondiciona, y cuando intentamos algo nuevo nos sentimos
incómodos, y frecuentemente nos retractamos antes de darnos
la oportunidad de probarnos ante nuevas situaciones que
podrían brindarnos experiencias enriquecedoras.
Si no estamos aprendiendo, probando nuevas cosas, y
consecuentemente creciendo, nuestras habilidades y capacidad
pudieran estar deteriorándose. Ese es el precio de la
comodidad.
u
Aprendizaje
Tener
una actitud positiva hacia el aprendizaje y el crecimiento
es tal vez una de las características más resaltantes de las
personas exitosas. Se trata de asumir la vida con una
actitud de constante mejoramiento personal.
Esa actitud positiva no es accidental, las personas exitosas
saben como crear, y mantener actitudes y motivaciones
positivas para si mismas. Ellas no esperan que las cosas les
sucedan, ellas llevan las riendas de sus vidas y
voluntariamente crean cambios positivos.
Cualquier cambio necesariamente implica aprendizaje y
viceversa. Son compañeros inseparables, no pueden existir el
uno sin el otro. Si aprendemos, cambiamos. Al aprender cosas
nuevas nuestra conciencia se expande, y nuestra realidad se
modifica para permitirles manifestarse (cambio).
El aprendizaje para ser efectivo debería ser Consciente Vs.
Inconsciente, Activo Vs. Reactivo. Debería ser algo que se
desea lograr en vez de algo que simplemente "nos sucede". Si
el aprendizaje no es consciente, no permite mejorar, se
convierte simplemente en una tarea más que no tiene
aplicación efectiva en nuestra vida.
El aprendizaje no es algo que debería dejarse al azar.
Idealmente podríamos trazarnos conscientemente la meta de
asimilar nuestras experiencias y aprender de ellas, de otra
manera nos estaríamos dejando la puerta abierta para repetir
nuestros errores. O peor aun, podríamos continuar haciendo,
por hábito, las cosas que ya sabemos funcionan, mientras nos
privamos del privilegio de buscar activamente nuevas ideas,
innovaciones y crecer.
u
Sueños
La realidad que conocemos en la vida está basada en sueños,
los sueños que alguna vez otros o nosotros tuvimos. Todos
los avances que conoce la humanidad y sociedad moderna
existen porque una vez alguien se atrevió a soñar que era
posible crearlos, y los forjó.
Soñar podría ser la cosa más simple en la vida, pero
necesita del respaldo de la acción para convertirse en
realidad.
La creación básicamente es un proceso de dos pasos, para
crear cualquier cosa en este plano de tres dimensiones que
consideramos como realidad, necesitamos primero crearlo en
nuestra mente. Consideramos que vivimos en un mundo físico
donde podemos ver y tocar las cosas, aun así, la realidad
existe primero en la mente.
Para manifestar algo necesitamos primero concebirlo. Tal vez
uno de los ejemplos más notables de este principio en
nuestra historia reciente sea el de Martin Luther King,
quien dijo "Tengo un sueño" ("I have a dream"), y luego se
dedicó a hacerlo realidad. Ese es un ejemplo claro de ser
una persona coherente, tuvo un sueño (pensamiento), lo dijo
(palabra), se sentía identificado con este sueño (emoción),
y le dedico su vida a hacerlo realidad (acción).
u
Convirtiendo los Sueños en Realidad
Por lo anteriormente expuesto es claro que el ser humano
puede lograr lo que se proponga, siempre y cuando esté
dispuesto a salir de su zona de comodidad para aprender las
cosas que necesita saber para alcanzar el éxito.
Los seres humanos somos sumamente adaptables (el
desconocimiento de esta característica no impide su
manifestación), y esta es nuestra ventaja para construir
mejores vidas para nosotros, nuestra adaptabilidad para
aprender y cambiar.
Es importante prepararnos para sentirnos incómodos al
traspasar la frontera de nuestra zona de comodidad, es mucho
más fácil aprender cosas nuevas cuando nos preparamos para
ello con anticipación.
La mayoría de las personas detiene su proceso de aprendizaje
cuando comienza a sentirse incómodo con las nuevas ideas.
Irónicamente es justo en ese punto cuando el verdadero
aprendizaje comienza.
Para permitirnos convertir nuestros sueños en realidad ayuda
comenzar nuestro proceso de aprendizaje continuo (mientras
estamos vivos aprendemos y experimentamos cambios) apenas
tomemos conciencia de lo deseable que es hacerlo, y asumir
una actitud alerta y fresca ante este proceso que nos
permita continuar alegremente ante las adversidades que se
pudieran presentar.
Convertir nuestros sueños en realidad es algo tan sencillo
como expandir nuestra zona de comodidad. Esto podemos
lograrlo más fácilmente probando pequeñas cosas nuevas
frecuentemente, tales como:
• Ir al trabajo por una ruta diferente
• Hacer las compras en una negocio diferente
• Probar comidas nuevas
• Dormir en una postura diferente
• Tomar la decisión consciente de experimentar
Al asumir estas nuevas actividades estarán expandiendo sus
fronteras un poco cada día, y es allí justamente donde el
crecimiento comienza.
A medida que se dén permiso de intentar cosas nuevas su
confianza aumentará, esto les hace sentirse bien y
poderosos. Cuando adquieren la confianza de ser capaz de
"sobrevivir" a las nuevas ideas y a los cambios, entonces se
permiten probar aun más cosas nuevas.
Una vez alcanzado este punto están ustedes en condiciones de
plantearse metas mayores que expandan sus fronteras de
manera más significativas. Para beneficiarse, pueden
elaborar una lista de cosas que al lograrlas le harían
sentirse mucho mejor con ustedes mismos, por ejemplo:
• Orientar a alguien
• Comenzar un programa de ejercicio
• Tomar clases de Yoga
• Meditar diariamente
• Ofrecerse como voluntarios para una causa noble
• Escribir un cuento, un poema, o un articulo y publicarlo
• Escalar una montaña
• Alimentar a alguien sin hogar
• Aprender a tocar un instrumento musical
• Inscribirse en clases de baile
• Ensañar a alguien una de sus habilidades
• Lograr un ascenso en su trabajo
• Etc, etc, etc.
Luego escojan una o dos que estén dispuestos a hacer
realidad en los próximos 30 días, incorpórelas a su agenda y
háganlas realidad. Una vez logradas escojan otras y así,
cuando completen esa lista hagan una nueva.
Somos capaces de lograr mucho más de lo que creemos.
Si hacen del crecimiento personal un hábito de por vida,
notarán que cada vez se sienten más relajados al acercarse a
sus supuestos límites personales, hasta que estos últimos se
disuelvan y se den cuenta que el único riesgo que corrían al
salir de su zona de comodidad era alcanzar el éxito.
A partir de ese momento nuestra zona de comodidad se vuelve
tan amplia como el universo entero.
El
liderazgo ha sido descrito de muchas maneras: como un arte; una ciencia;
una profesión; una posición; una función; etc... Sea cual fuere el punto
de vista al respecto, seguramente acordaremos en que el liderazgo es un
proceso muy exigente que involucra una enorme cantidad de habilidades y
una cabal comprensión del entorno.
Sin embargo, existe una habilidad que es fundamental para el liderazgo en
todas sus formas: el autodominio. El autodominio siempre mereció atención
(la filosofía, la psicología y las tradiciones religiosas y culturales de
diversas sociedades lo han tratado desde la antigüedad), pero ahora, que
vivimos y trabajamos en sociedades donde las grandes organizaciones juegan
roles dominantes, esta atención se ha visto reforzada.
La calidad del liderazgo se ha vuelto una preocupación global y las
consecuencias de tener líderes que carezcan de autodominio, pueden ser
devastadoras...
El autodominio no es algo ocasional, ni una sutileza que un líder pueda o
no poseer: es un proceso que lleva toda una vida. El autodominio es la
habilidad de gobernarse a sí mismo y es resultado de tres cualidades
fundamentales:
• el auto-conocimiento
• a auto-conciencia
• el auto-control.
Conocerse significa separar quiénes somos y quiénes queremos ser de
aquello que los demás piensan que somos y que deberíamos ser. El
autoconocimiento nos permite descubrir nuestra identidad y darle
expresión. Todos somos personas únicas pero, cuando leemos las biografías
de los grandes líderes, descubrimos que sus vidas dan testimonio de un
increíble esfuerzo por definirse, por ser ellos mismos y mostrar ese
carácter extraordinario al mundo. Construir una fuerte identidad es
aquello que les permitió dejar legados (políticos; sociales; educativos;
económicos; etc...) que evocarán sus nombres por siempre.
La introspección es el recurso que todos tenemos para practicar el
autoconocimiento. La introspección es una forma "necesaria" para
independizarse del mundo. El líder está inmerso en un trabajo continuo de
comprensión: de sí mismo y de sus circunstancias. Basta recordar las
solitarias contemplaciones de los líderes sociales y espirituales. Esto
puede parecer demasiado abstracto, pero el liderazgo es un acto
intensamente personal y todo aquello que conforma al líder como ser humano
entra en juego. Esto incluye sus tempranas experiencias de vida (su
crianza, educación, relación con sus padres y maestros, amistades, etc..)
que definieron parte de su posición en el mundo.
La autoconciencia se refiere a aquello que somos conscientes de
experimentar, en nuestras mentes y cuerpos, en este preciso momento.
Funciona sin estimulación externa: yo puedo, por ejemplo, ser consciente
de un recuerdo y sentir emociones respecto de él. Podemos también
monitorear nuestros pensamientos y sentimientos, respecto de sucesos que
ocurrieron, están ocurriendo, o incluso podrían ocurrir. Pero, si bien
mirar hacia atrás y hacia adelante juega un rol importante en el
liderazgo, es crucial que un líder esté conectado con lo que sucede aquí y
ahora.
Si le preguntáramos a alguien "¿De qué es consciente en este preciso
momento?" respondería diciéndonos en qué está pensando, qué está viendo o
escuchando, o qué siente internamente. Aunque no todos somos conscientes
en un mismo nivel. Una persona puede estar desconectada de sus
sentimientos, pero tener una gran conciencia de sus pensamientos. Otra
persona puede acceder -e identificar- sus sentimientos, pero no puede
clarificar sus ideas.
La autoconciencia es la habilidad para entrar en contacto con nuestra
percepción del mundo y contraponerla objetivamente con datos. Esta
capacidad es fundamental para el liderazgo porque, cuando las acciones de
un líder están desalineadas de la realidad, sobrevienen consecuencias
negativas: fracasan las estrategias, se pierden las batallas, se
desperdician las oportunidades y se dañan las relaciones.
Las conductas provienen de fuerzas dentro de nosotros mismos, así como de
percepciones y fuerzas que actúan fuera de nosotros. El proceso es
circular e interactivo. Una interacción efectiva con el mundo requiere que
los líderes hagan coincidir sus actos con la realidad externa. Los líderes
también necesitan saber cuándo están "inundados" por sus emociones, cuándo
sus pensamientos están siendo "contaminados", cuándo están perdiendo de
vista sus objetivos, etc... Es decir, necesitan controlarse y controlar
sus entornos mientras toman sus decisiones. Los líderes deben saber la
manera en que sus conductas influyen en los demás y viceversa. La
autoconciencia nos permite ver claramente:
• nuestros estados emocionales
• nuestros pensamientos
• nuestras observaciones e interpretaciones
• nuestras reacciones a las acciones de los demás
• nuestros motivos, propósitos, intenciones y prioridades
• nuestros mecanismos de defensa
Finalmente, el autocontrol es la habilidad de mantener siempre
nuestras facultades, aún bajo presión. Como la mayoría de las personas,
los líderes enfrentan frecuentemente situaciones estresantes y frustrantes
que cambian sus conductas... aunque casi nunca para mejor. Aquellos
líderes que pueden mantener el control sobre sus emociones y acciones,
están mejor equipados para influir en los resultados de las situaciones
que viven. El control sobre los demás es una ilusión: no podemos realmente
controlar a otras personas -o dictar el resultado de los eventos- sino
solamente controlar nuestros propios impulsos.
Aunque la espontaneidad es una virtud que nos hace humanos, los líderes
muchas veces deben sacrificarla. Todos tenemos derecho a reír, jugar,
llorar, sentirnos decepcionados y enojados, pero un líder debe renunciar a
este "derecho" en determinadas circunstancias. Si un líder ataca a otras
personas (las insulta, acusa o amenaza) está perdiendo su autocontrol y,
como consecuencia, su habilidad para influir en el resultado buscado. Todo
lo que decimos y hacemos deja una impresión duradera en los demás. Si
dejamos aflorar sentimientos hostiles, estaremos amenazando el diálogo y
las relaciones. Esto no significa que un líder deba ocultar sus
sentimientos o enterrarlos. Nada de eso; los sentimientos son muy
importantes para él. El autodominio sólo nos recuerda que los sentimientos
de los demás son tan importantes como los nuestros.
El autodominio es un proceso de aprendizaje lento y progresivo. Una tarea
que no tiene fin, que no puede delegarse, ni dejarse para mañana. Es
responsabilidad de todos, pero -especialmente- de quienes influyen en
otras vidas.
Las
opiniones pueden ser tan diferentes como las personas. En todas las cuestiones
opinables hay posiciones distintas: a favor o en contra, si o no,
aborto legal o no, pena de muerte o no, etc... Sin importar qué opinión
tengamos respecto de algo, ésta no siempre será compartida por todos.
Sin embargo, nos sentimos más cómodos si los demás comparten nuestras
opiniones, o piensan como nosotros.
¿Comprendemos que no tenemos derecho de exigir esto?
Consideremos la siguiente escena:
Una pareja discutía si castigar -o no- a su hijo. Para resolver la cuestión,
decidieron consultar al abuelo. Luego de que el padre diera su parecer, el
anciano respondió: Tienes razón.
Al cabo de unos minutos, la madre expresó su opinión y el abuelo le dijo: Tienes razón.
Pero (protestaron ambos) acabas de acordar con dos opiniones opuestas!
Nuevamente, el anciano contestó: Tienen razón.
La moraleja de esta historia podría expresarse de la siguiente manera: tenemos
tanto derecho a tener razón, como los demás.
Obstinarse en tener la razón sobre algo, es una forma de pretender ser dueño
de la verdad. Pero nadie posee "la verdad", sino que todos la buscamos
continuamente a través de nuestras opiniones.
Una de las características de la opinión es que nunca es definitiva y
estática, sino que está en permanente cambio... incluso, dentro de nosotros
mismos! Por lo tanto, es irracional pretender tener absoluta razón cuando
discutimos sobre algo.
Quienes insisten en tener razón, confunden su opinión con "la verdad" y
no respetan las posturas de los demás.
En el mejor caso, las toleran. Pero para estas personas, la tolerancia tiene
un carácter condescendiente: es un favor que les conceden a los demás, al
"soportar" sus opiniones. Estas personas toleran sin respetar el derecho
fundamental de alguien a dar su opinión.
Tener una postura es un derecho. Es una demanda justa que tiene toda
persona y que se desprende de valores esenciales como la igualdad, la
autonomía, la libertad y -por sobre todo- el respeto. El respeto nos hace
reconocer la singularidad de la otra persona.
Por lo tanto, tolerar no es "soportar", sino aceptar el derecho
de toda persona a ser, pensar y vivir a su manera. Cuando toleramos a alguien,
aceptamos que será distinto a nosotros. Aunque disintamos con sus opiniones,
debemos respetarle como persona que vive de acuerdo a esas creencias
particulares.
Las creencias son parte de una persona. Es por ello que no podemos respetar a
alguien como "persona", sin respetar sus creencias religiosas, su
nacionalidad, o
su preferencia sexual.
El respeto exige considerar a la persona en su totalidad.
Imaginemos que un oponente político le dice a otro: "Te respeto como
persona, pero no como liberal."
En este caso, no está respetando la singularidad de esa persona, porque el
liberalismo es la creencia de su rival.
En cambio, si le dijera: "Si bien no creo en el liberalismo, te respeto como
persona", estaría respetándolo como un rival, como alguien que tiene opiniones
que no comparte, pero a las que reconoce un valor.
Es decir, respetaría el derecho de su oponente a expresarse a través de su
visión de la realidad.
Cuando respetamos completamente a alguien, no nos vemos en la necesidad de
"soportar" sus opiniones, porque ellas tienen un valor para nosotros, por ser
las creencias particulares de esa persona.
Entonces, ¿porqué nos obstinamos en tener la razón? ¿Será que defendemos
tenazmente nuestras opiniones -y nos mostramos intolerantes hacia las de los
demás- porque creemos que así afirmamos nuestra identidad?
Si pretendemos fortalecer nuestra identidad, deberíamos hacer todo lo
contrario: reconocer que no siempre tenemos razón.
Tanto los aciertos, como las equivocaciones forman nuestra personalidad. Por
lo tanto, aceptar que otra persona puede tener razón -y que nosotros no- es un
síntoma de crecimiento.
El derecho a opinar, es el derecho a "tener razón"... y también a
equivocarse!
Este es uno de los principios fundamentales sobre los que se basa la
tolerancia. Ser tolerante es respetar el derecho de los demás a hacer y
re-hacer sus
vidas de acuerdo a sus creencias. Acaso, ¿no merecemos ese derecho?
Una
de las cosas que nos ocurren es que nos estamos hablando continuamente acerca
de las cosas. Acerca de nosotros, del mundo, de las personas. Entonces
etiquetamos, ponemos distinciones, opinamos, generamos un juicio.
Podríamos decir que estoy continuamente describiendo y sosteniendo la realidad
con un discurso propio.
Parecería entonces una utopía y que nos resulte imposible poner la mente en
blanco con el objetivo de silenciarnos para captar lo que nos rodea sin las
propias distorsiones.
Al intentar lograrlo generalmente tenemos fantasías de lo que es poner la
mente en blanco.
Algunos imaginan literalmente pensar en el color blanco o intentar visualizar
una pantalla de cine blanca, un paisaje nevado etc. Con estas fantasías de lo
que es “poner la mente en blanco”, sigo metido y creando desde mi pensamiento.
Del mismo modo hago descripciones del mundo, situaciones y personas,
calificando de lindo, feo, bueno, malo, agradable, desagradable, me conviene,
no me conviene.
Continúo así sosteniendo mi propio discurso, mis propias opiniones. También
está lo que me describieron otros, algo que me contaron a mí de cómo deben ser
las cosas.
Yo sigo contándome esta realidad a mí mismo reacomodándola de acuerdo a mis
gustos o disgustos. Genero así más y más ilusión sobre eso que está u ocurre
allí con mis interpretaciones.
Con este modo de intentar comprender lo que pasa no produzco en mí la calidad
de silencio necesario para observar, conectarme y palpar lo que realmente es.
Las disciplinas orientales nos dicen que nada de esto tiene que ver con la
Realidad.
Este modo de funcionar y “leer” lo que pasa me aleja de ella, me impide ver,
escuchar o sentir lo que verdaderamente ES para luego poder tomar mis
decisiones y actuar en forma acorde a lo que realmente está pasando.
Castañeda nos dice:
“Nos hablamos incesantemente a nosotros mismos acerca de nuestro mundo.
De hecho mantenemos nuestro mundo con nuestro diálogo interno y cuando dejamos
de hablarnos sobre nosotros mismos y nuestro mundo el mundo es siempre como
debería ser. Con nuestro diálogo interno lo renovamos, lo encendemos de vida,
lo sostenemos.
No solo eso si no que también escogemos nuestros caminos al hablarnos a
nosotros mismos. De allí que repitamos las mismas elecciones una y otra vez
hasta el día en que morimos, porque continuamos repitiendo el mismo diálogo
interno una y otra vez hasta el preciso momento de la muerte. Un guerrero es
consciente de ello y lucha por detener su diálogo interno.”
Este diálogo interno o pensamiento cotidiano tiene un formato, un modo y se
puede mapear, puedo darme cuenta de cómo funciona.
Suelo estar imaginando como en una película cosas, sucesos pasados o verme a
mi misma actuando, hablando y diciendo tal o cual cosa en el futuro. Puedo
escuchar un discurso optimista o pesimista y esto parece venir de ciertos
lugares del cuerpo o fuera de él. Esto es una forma de describir lo sucedido o
lo que sucederá y obviamente es falso. Estaría interpretando, sobre
interpretando, imaginando.
Esto crea algunos problemas. Por ejemplo miro a alguna persona y me digo: "Esta
persona se parece al tío Francisco".
El tío Francisco puede haber sido buena o mala persona, este recuerdo tiñe mi
visión, mi escucha y mi sentir de este momento presente y a partir de mi
descripción, bañada por el recuerdo, comienzo a conectarme desde un lugar
irreal e inadecuado con este ser que tengo delante de mí.
No lo observo a él, no escucho ya lo que dice ni presto atención a lo que
hace. Está sobre impuesta todo el tiempo ésta máscara que le impuse del tío
Francisco.
Esto no solo lo hacemos con las personas, lo hacemos con los lugares, lo
hacemos con las plantas, con los animales.
A lo que son realmente le agregamos “lo nuestro”.
Si uno lograse, hacer un alto del tiempo y pudiera parar con esta narración
del mundo, de etiquetar, de imaginar, de rellenar, de charlar sobre él, este
parar le permitiría realmente percibir lo que ES.
Tenemos que darnos cuenta de que modo funcionamos para “leer el mundo”.
Todos usamos nuestros sentidos y tenemos imágenes visuales, o charlas, nos
imaginamos diálogos, también sentimos físicamente cosas de instante en
instante.
Para describir la realidad usamos los sentidos y leemos con nuestro canal de
preferencia mas fuertemente que los otros restantes.
Entonces preguntémonos:
¿Con que describimos mas?
¿Es con la vista?, o sea de modo visual.
¿Somos más sensibles a los sonidos, a lo auditivo, o sentimos con nuestra piel
y funcionamos priorizando lo cenestésico?
Esto es lo que tenemos que descubrir, el modo en que percibimos lo que nos
rodea.
Nos damos cuenta así que este funcionamiento nos aleja de simplemente
conectarnos con lo que ES, con lo que está ocurriendo realmente.
Intentamos asecharnos, observarnos en el presente, mientras transcurre la
acción o el estar, en que estoy involucrado.
Por ejemplo cuando estamos con alguien o en presencia de algo, sea del reino
mineral, vegetal o animal. Intentemos asecharnos de instante en instante.
El silencio tiene que ver con hacer lo que estoy haciendo y cuando aparecen
pensamientos de juicio, queja, opinión o un modo de ver, de percibir o
escuchar que engloba estos pensamientos, darme cuenta de lo que me está
sucediendo e intentar volver a conectarme sin este mecanismo descriptivo o
explicativo.
Otro funcionamiento “trampa” que tenemos es el famoso debería...
Debería hacer tal o cual cosa y entonces nos dejamos estar y no realizamos la
acción pertinente.
Pierdo energía cuando me digo, "tengo que sentarme a escribirle a fulana,
debería de arreglar los estantes y sacarle la tierra a los libros, tendría que
limpiar la heladera, me gustaría tener tiempo de visitar a María".
Entre el debería y la acción no debe haber espacio de tiempo.
Distinto es que programe hacer la tarea, la entrevista o lo que sea tal día de
la semana.
Si ese día comienzo con el debería allí pierdo energía.
Me quedo pegada a esa situación o cosa que debería hacer y no hago, eso me
consume.
Mas cosas tenga “pegadas” de este tipo, ocurrirá que las arrastraré a otras
actividades, consumiendo mi potencial de acción, cansándome por anticipado.
Debo lograr que mi mente inconsciente confíe en mi.
Si me dije, postergaré esto para tal día, me ocuparé de ello en ese momento,
conviene que lo haga o mi mente inconsciente no confiará mas en mi.
Pierdo confianza en mi misma y continuamente me rebota el pensamiento de “eso”
que dejé “colgado”.
Lo interesante de todo este proceso de ir logrando parar el diálogo interno es
que cuando uno para de describir y opinar del mundo paramos también de
describirnos y opinar de nosotros mismos, nos da por primera vez libertad.
Es ilusorio pensar, por ejemplo, que lograremos soluciones y respuestas a
nuestras preguntas metafísicas que parecen a veces un ping pong.
¿Qué pasa después de morir, a donde voy, por que existe la muerte, quien
inventó esta situación tan dolorosa e inexplicable?
¿Cómo será Dios, forma, tamaño, color, energía, alcance...?
¿De que se trata la creación, cual es su sentido? ¿Porqué el sufrimiento?
¿De donde venimos, adonde vamos?
¿Cuál es el sentido de la vida?
¿Qué podemos hacer cuando aparecen estos pensamientos?.
Simplemente observarlos sin condena, explicación, juicio, culpa o intento de
encontrarle respuesta.
En un libro que leí, recuerdo que un discípulo paseaba con su maestro y al
cruzar un puente y viendo unos peces de colores nadar y sumergirse le
comentaba que a veces observaba como subían a la superficie de su mente, como
carpas doradas nadando, pensamientos que no sabía de donde venían.
El maestro le comentó que los observara simplemente pasar.
Uno puede tener todo lo que eligió para pedirle a los reyes magos y a los
genios de la lámpara, nos dan todo eso y uno sigue carente.
Si no logro parar la descripción del mundo, la prisión va donde yo voy.
Entonces uno de los ingredientes importantes es parar la descripción del mundo
y parar la descripción de uno mismo.
De lo que puedo, de lo que no puedo, de lo que soy, de lo que no soy, de lo
que me gusta de mí y de lo que no.
Si paro con esto me libero y tengo la posibilidad de comenzar a conocerme.
Puedo ser cualquier cosa, hacer cualquier cosa, lograr cualquier cosa.