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  1. Zona de Comodidad

Una de las claves para el crecimiento personal, y el consecuente éxito, prosperidad y abundancia que le siguen, está directamente relacionada con nuestra disposición a salir de nuestra "Zona de Comodidad".

Nuestra "Zona de Comodidad" es donde nos sentimos más cómodos en lo que hacemos en nuestra vida, nuestro trabajo y nuestras experiencias. Es esa sensación carente de ansiedad y del sentido del riesgo.

Podría definirse como "Sentirse Cómodo", pero a la vez podría convertirnos en esclavos de la rutina.

Tal vez se pregunten, ¿Cómo podemos sentirnos cómodos, y ser esclavos de la rutina a la vez?, pudiera parecer contradictorio, pero no lo es, sobre todo si consideramos que esa comodidad que sentimos proviene precisamente de lo predecible que se ha vuelto nuestra vida, por haberse convertido en rutinaria.

¿Suena aburrido?, tal vez, pero... ¿Cuándo fue la última vez que se aburrieron mientras se sentían cómodos?. El sentirnos cómodos tiende a crear un falso sentido de bienestar y seguridad, en el cual encontramos justificación para evitar todo lo que se encuentre un paso más allá de lo que consideramos es la frontera de nuestra zona de comodidad. Esto último podría limitar severamente nuestro crecimiento personal.

Las zonas de comodidad tienen fronteras, cuando las cruzamos nos sentimos incómodos. Cualquier cosa o persona que nos haga sentir incómodos de alguna manera traspasa nuestra zona de comodidad, nuestras barreras, nuestros límites.

Estas zonas no definen lo que es bueno o malo, conveniente o no, positivo o negativo, beneficioso o perjudicial, su único propósito de existencia es proteger nuestra comodidad personal. Pueden variar radicalmente de una persona a otra, lo que para una persona es cómodo para otra pude resultar incómodo y viceversa.

¿Pueden esas zonas incluir estándares, prácticas, convicciones o comportamientos que se desvíen de lo socialmente aceptable?, por supuesto que si, así como también pueden excluirlas. Las zonas de comodidad están definidas principalmente por las preferencias personales.

u Importancia

Al adoptar una actitud complaciente con nosotros mismos, y conformarnos con permanecer en nuestra zona de comodidad cediendo ante nuestras preferencias personales, limitamos nuestro proceso de crecimiento.

El permanecer demasiado tiempo en nuestra zona de comodidad nos acondiciona, y cuando intentamos algo nuevo nos sentimos incómodos, y frecuentemente nos retractamos antes de darnos la oportunidad de probarnos ante nuevas situaciones que podrían brindarnos experiencias enriquecedoras.

Si no estamos aprendiendo, probando nuevas cosas, y consecuentemente creciendo, nuestras habilidades y capacidad pudieran estar deteriorándose. Ese es el precio de la comodidad.

u
Aprendizaje

Tener una actitud positiva hacia el aprendizaje y el crecimiento es tal vez una de las características más resaltantes de las personas exitosas. Se trata de asumir la vida con una actitud de constante mejoramiento personal.

Esa actitud positiva no es accidental, las personas exitosas saben como crear, y mantener actitudes y motivaciones positivas para si mismas. Ellas no esperan que las cosas les sucedan, ellas llevan las riendas de sus vidas y voluntariamente crean cambios positivos.

Cualquier cambio necesariamente implica aprendizaje y viceversa. Son compañeros inseparables, no pueden existir el uno sin el otro. Si aprendemos, cambiamos. Al aprender cosas nuevas nuestra conciencia se expande, y nuestra realidad se modifica para permitirles manifestarse (cambio).

El aprendizaje para ser efectivo debería ser Consciente Vs. Inconsciente, Activo Vs. Reactivo. Debería ser algo que se desea lograr en vez de algo que simplemente "nos sucede". Si el aprendizaje no es consciente, no permite mejorar, se convierte simplemente en una tarea más que no tiene aplicación efectiva en nuestra vida.

El aprendizaje no es algo que debería dejarse al azar. Idealmente podríamos trazarnos conscientemente la meta de asimilar nuestras experiencias y aprender de ellas, de otra manera nos estaríamos dejando la puerta abierta para repetir nuestros errores. O peor aun, podríamos continuar haciendo, por hábito, las cosas que ya sabemos funcionan, mientras nos privamos del privilegio de buscar activamente nuevas ideas, innovaciones y crecer.

u Sueños

La realidad que conocemos en la vida está basada en sueños, los sueños que alguna vez otros o nosotros tuvimos. Todos los avances que conoce la humanidad y sociedad moderna existen porque una vez alguien se atrevió a soñar que era posible crearlos, y los forjó.

Soñar podría ser la cosa más simple en la vida, pero necesita del respaldo de la acción para convertirse en realidad.

La creación básicamente es un proceso de dos pasos, para crear cualquier cosa en este plano de tres dimensiones que consideramos como realidad, necesitamos primero crearlo en nuestra mente. Consideramos que vivimos en un mundo físico donde podemos ver y tocar las cosas, aun así, la realidad existe primero en la mente.

Para manifestar algo necesitamos primero concebirlo. Tal vez uno de los ejemplos más notables de este principio en nuestra historia reciente sea el de Martin Luther King, quien dijo "Tengo un sueño" ("I have a dream"), y luego se dedicó a hacerlo realidad. Ese es un ejemplo claro de ser una persona coherente, tuvo un sueño (pensamiento), lo dijo (palabra), se sentía identificado con este sueño (emoción), y le dedico su vida a hacerlo realidad (acción).

u Convirtiendo los Sueños en Realidad

Por lo anteriormente expuesto es claro que el ser humano puede lograr lo que se proponga, siempre y cuando esté dispuesto a salir de su zona de comodidad para aprender las cosas que necesita saber para alcanzar el éxito.

Los seres humanos somos sumamente adaptables (el desconocimiento de esta característica no impide su manifestación), y esta es nuestra ventaja para construir mejores vidas para nosotros, nuestra adaptabilidad para aprender y cambiar.

Es importante prepararnos para sentirnos incómodos al traspasar la frontera de nuestra zona de comodidad, es mucho más fácil aprender cosas nuevas cuando nos preparamos para ello con anticipación.

La mayoría de las personas detiene su proceso de aprendizaje cuando comienza a sentirse incómodo con las nuevas ideas. Irónicamente es justo en ese punto cuando el verdadero aprendizaje comienza.

Para permitirnos convertir nuestros sueños en realidad ayuda comenzar nuestro proceso de aprendizaje continuo (mientras estamos vivos aprendemos y experimentamos cambios) apenas tomemos conciencia de lo deseable que es hacerlo, y asumir una actitud alerta y fresca ante este proceso que nos permita continuar alegremente ante las adversidades que se pudieran presentar.

Convertir nuestros sueños en realidad es algo tan sencillo como expandir nuestra zona de comodidad. Esto podemos lograrlo más fácilmente probando pequeñas cosas nuevas frecuentemente, tales como:

• Ir al trabajo por una ruta diferente
• Hacer las compras en una negocio diferente
• Probar comidas nuevas
• Dormir en una postura diferente
• Tomar la decisión consciente de experimentar

Al asumir estas nuevas actividades estarán expandiendo sus fronteras un poco cada día, y es allí justamente donde el crecimiento comienza.

A medida que se dén permiso de intentar cosas nuevas su confianza aumentará, esto les hace sentirse bien y poderosos. Cuando adquieren la confianza de ser capaz de "sobrevivir" a las nuevas ideas y a los cambios, entonces se permiten probar aun más cosas nuevas.

Una vez alcanzado este punto están ustedes en condiciones de plantearse metas mayores que expandan sus fronteras de manera más significativas. Para beneficiarse, pueden elaborar una lista de cosas que al lograrlas le harían sentirse mucho mejor con ustedes mismos, por ejemplo:

• Orientar a alguien
• Comenzar un programa de ejercicio
• Tomar clases de Yoga
• Meditar diariamente
• Ofrecerse como voluntarios para una causa noble
• Escribir un cuento, un poema, o un articulo y publicarlo
• Escalar una montaña
• Alimentar a alguien sin hogar
• Aprender a tocar un instrumento musical
• Inscribirse en clases de baile
• Ensañar a alguien una de sus habilidades
• Lograr un ascenso en su trabajo
• Etc, etc, etc.

Luego escojan una o dos que estén dispuestos a hacer realidad en los próximos 30 días, incorpórelas a su agenda y háganlas realidad. Una vez logradas escojan otras y así, cuando completen esa lista hagan una nueva.

Somos capaces de lograr mucho más de lo que creemos.

Si hacen del crecimiento personal un hábito de por vida, notarán que cada vez se sienten más relajados al acercarse a sus supuestos límites personales, hasta que estos últimos se disuelvan y se den cuenta que el único riesgo que corrían al salir de su zona de comodidad era alcanzar el éxito.

A partir de ese momento nuestra zona de comodidad se vuelve tan amplia como el universo entero.

Lic. Cristina Cravero



  2. Gobiérnate y Gobernarás!

El liderazgo ha sido descrito de muchas maneras: como un arte; una ciencia; una profesión; una posición; una función; etc... Sea cual fuere el punto de vista al respecto, seguramente acordaremos en que el liderazgo es un proceso muy exigente que involucra una enorme cantidad de habilidades y una cabal comprensión del entorno.

Sin embargo, existe una habilidad que es fundamental para el liderazgo en todas sus formas: el autodominio. El autodominio siempre mereció atención (la filosofía, la psicología y las tradiciones religiosas y culturales de diversas sociedades lo han tratado desde la antigüedad), pero ahora, que vivimos y trabajamos en sociedades donde las grandes organizaciones juegan roles dominantes, esta atención se ha visto reforzada.

La calidad del liderazgo se ha vuelto una preocupación global y las consecuencias de tener líderes que carezcan de autodominio, pueden ser devastadoras...

El autodominio no es algo ocasional, ni una sutileza que un líder pueda o no poseer: es un proceso que lleva toda una vida. El autodominio es la habilidad de gobernarse a sí mismo y es resultado de tres cualidades fundamentales:

• el auto-conocimiento
• a auto-conciencia
• el auto-control.

Conocerse significa separar quiénes somos y quiénes queremos ser de aquello que los demás piensan que somos y que deberíamos ser. El autoconocimiento nos permite descubrir nuestra identidad y darle expresión. Todos somos personas únicas pero, cuando leemos las biografías de los grandes líderes, descubrimos que sus vidas dan testimonio de un increíble esfuerzo por definirse, por ser ellos mismos y mostrar ese carácter extraordinario al mundo. Construir una fuerte identidad es aquello que les permitió dejar legados (políticos; sociales; educativos; económicos; etc...) que evocarán sus nombres por siempre.

La introspección es el recurso que todos tenemos para practicar el autoconocimiento. La introspección es una forma "necesaria" para independizarse del mundo. El líder está inmerso en un trabajo continuo de comprensión: de sí mismo y de sus circunstancias. Basta recordar las solitarias contemplaciones de los líderes sociales y espirituales. Esto puede parecer demasiado abstracto, pero el liderazgo es un acto intensamente personal y todo aquello que conforma al líder como ser humano entra en juego. Esto incluye sus tempranas experiencias de vida (su crianza, educación, relación con sus padres y maestros, amistades, etc..) que definieron parte de su posición en el mundo.

La autoconciencia se refiere a aquello que somos conscientes de experimentar, en nuestras mentes y cuerpos, en este preciso momento. Funciona sin estimulación externa: yo puedo, por ejemplo, ser consciente de un recuerdo y sentir emociones respecto de él. Podemos también monitorear nuestros pensamientos y sentimientos, respecto de sucesos que ocurrieron, están ocurriendo, o incluso podrían ocurrir. Pero, si bien mirar hacia atrás y hacia adelante juega un rol importante en el liderazgo, es crucial que un líder esté conectado con lo que sucede aquí y ahora.

Si le preguntáramos a alguien "¿De qué es consciente en este preciso momento?" respondería diciéndonos en qué está pensando, qué está viendo o escuchando, o qué siente internamente. Aunque no todos somos conscientes en un mismo nivel. Una persona puede estar desconectada de sus sentimientos, pero tener una gran conciencia de sus pensamientos. Otra persona puede acceder -e identificar- sus sentimientos, pero no puede clarificar sus ideas.

La autoconciencia es la habilidad para entrar en contacto con nuestra percepción del mundo y contraponerla objetivamente con datos. Esta capacidad es fundamental para el liderazgo porque, cuando las acciones de un líder están desalineadas de la realidad, sobrevienen consecuencias negativas: fracasan las estrategias, se pierden las batallas, se desperdician las oportunidades y se dañan las relaciones.

Las conductas provienen de fuerzas dentro de nosotros mismos, así como de percepciones y fuerzas que actúan fuera de nosotros. El proceso es circular e interactivo. Una interacción efectiva con el mundo requiere que los líderes hagan coincidir sus actos con la realidad externa. Los líderes también necesitan saber cuándo están "inundados" por sus emociones, cuándo sus pensamientos están siendo "contaminados", cuándo están perdiendo de vista sus objetivos, etc... Es decir, necesitan controlarse y controlar sus entornos mientras toman sus decisiones. Los líderes deben saber la manera en que sus conductas influyen en los demás y viceversa. La autoconciencia nos permite ver claramente:

• nuestros estados emocionales
• nuestros pensamientos
• nuestras observaciones e interpretaciones
• nuestras reacciones a las acciones de los demás
• nuestros motivos, propósitos, intenciones y prioridades
• nuestros mecanismos de defensa

Finalmente, el autocontrol es la habilidad de mantener siempre nuestras facultades, aún bajo presión. Como la mayoría de las personas, los líderes enfrentan frecuentemente situaciones estresantes y frustrantes que cambian sus conductas... aunque casi nunca para mejor. Aquellos líderes que pueden mantener el control sobre sus emociones y acciones, están mejor equipados para influir en los resultados de las situaciones que viven. El control sobre los demás es una ilusión: no podemos realmente controlar a otras personas -o dictar el resultado de los eventos- sino solamente controlar nuestros propios impulsos.

Aunque la espontaneidad es una virtud que nos hace humanos, los líderes muchas veces deben sacrificarla. Todos tenemos derecho a reír, jugar, llorar, sentirnos decepcionados y enojados, pero un líder debe renunciar a este "derecho" en determinadas circunstancias. Si un líder ataca a otras personas (las insulta, acusa o amenaza) está perdiendo su autocontrol y, como consecuencia, su habilidad para influir en el resultado buscado. Todo lo que decimos y hacemos deja una impresión duradera en los demás. Si dejamos aflorar sentimientos hostiles, estaremos amenazando el diálogo y las relaciones. Esto no significa que un líder deba ocultar sus sentimientos o enterrarlos. Nada de eso; los sentimientos son muy importantes para él. El autodominio sólo nos recuerda que los sentimientos de los demás son tan importantes como los nuestros.

El autodominio es un proceso de aprendizaje lento y progresivo. Una tarea que no tiene fin, que no puede delegarse, ni dejarse para mañana. Es responsabilidad de todos, pero -especialmente- de quienes influyen en otras vidas.

Lic. Cristina Cravero



  3. Tolerar No Es Soportar

Las opiniones pueden ser tan diferentes como las personas. En todas las cuestiones opinables hay posiciones distintas: a favor o en contra, si o no,
aborto legal o no, pena de muerte o no, etc... Sin importar qué opinión
tengamos respecto de algo, ésta no siempre será compartida por todos.

Sin embargo, nos sentimos más cómodos si los demás comparten nuestras opiniones, o piensan como nosotros.

¿Comprendemos que no tenemos derecho de exigir esto?

Consideremos la siguiente escena:

Una pareja discutía si castigar -o no- a su hijo. Para resolver la cuestión, decidieron consultar al abuelo. Luego de que el padre diera su parecer, el
anciano respondió: Tienes razón.

Al cabo de unos minutos, la madre expresó su opinión y el abuelo le dijo:
Tienes razón.

Pero (protestaron ambos) acabas de acordar con dos opiniones opuestas!

Nuevamente, el anciano contestó: Tienen razón.

La moraleja de esta historia podría expresarse de la siguiente manera: tenemos tanto derecho a tener razón, como los demás.

Obstinarse en tener la razón sobre algo, es una forma de pretender ser dueño de la verdad. Pero nadie posee "la verdad", sino que todos la buscamos continuamente a través de nuestras opiniones.

Una de las características de la opinión es que nunca es definitiva y estática, sino que está en permanente cambio... incluso, dentro de nosotros mismos! Por lo tanto, es irracional pretender tener absoluta razón cuando discutimos sobre algo.

Quienes insisten en tener razón, confunden su opinión con "la verdad" y no respetan las posturas de los demás.

En el mejor caso, las toleran. Pero para estas personas, la tolerancia tiene un carácter condescendiente: es un favor que les conceden a los demás, al "soportar" sus opiniones. Estas personas toleran sin respetar el derecho fundamental de alguien a dar su opinión.

Tener una postura es un derecho. Es una demanda justa que tiene toda persona y que se desprende de valores esenciales como la igualdad, la
autonomía, la libertad y -por sobre todo- el respeto. El respeto nos hace reconocer la singularidad de la otra persona.

Por lo tanto, tolerar no es "soportar", sino aceptar el derecho de toda persona a ser, pensar y vivir a su manera. Cuando toleramos a alguien, aceptamos que será distinto a nosotros. Aunque disintamos con sus opiniones, debemos respetarle como persona que vive de acuerdo a esas creencias particulares.

Las creencias son parte de una persona. Es por ello que no podemos respetar a alguien como "persona", sin respetar sus creencias religiosas, su nacionalidad, o
su preferencia sexual.

El respeto exige considerar a la persona en su totalidad.

Imaginemos que un oponente político le dice a otro: "Te respeto como persona, pero no como liberal."

En este caso, no está respetando la singularidad de esa persona, porque el liberalismo es la creencia de su rival.

En cambio, si le dijera: "Si bien no creo en el liberalismo, te respeto como persona", estaría respetándolo como un rival, como alguien que tiene opiniones que no comparte, pero a las que reconoce un valor.

Es decir, respetaría el derecho de su oponente a expresarse a través de su visión de la realidad.

Cuando respetamos completamente a alguien, no nos vemos en la necesidad de "soportar" sus opiniones, porque ellas tienen un valor para nosotros, por ser las creencias particulares de esa persona.

Entonces, ¿porqué nos obstinamos en tener la razón? ¿Será que defendemos tenazmente nuestras opiniones -y nos mostramos intolerantes hacia las de los demás- porque creemos que así afirmamos nuestra identidad?

Si pretendemos fortalecer nuestra identidad, deberíamos hacer todo lo contrario: reconocer que no siempre tenemos razón.

Tanto los aciertos, como las equivocaciones forman nuestra personalidad. Por lo tanto, aceptar que otra persona puede tener razón -y que nosotros no- es un síntoma de crecimiento.

El derecho a opinar, es el derecho a "tener razón"... y también a equivocarse!

Este es uno de los principios fundamentales sobre los que se basa la tolerancia. Ser tolerante es respetar el derecho de los demás a hacer y re-hacer sus
vidas de acuerdo a sus creencias. Acaso, ¿no merecemos ese derecho?

Lic. Cristina Cravero



  4. El Arte del Silencio Interior

Una de las cosas que nos ocurren es que nos estamos hablando continuamente acerca de las cosas. Acerca de nosotros, del mundo, de las personas. Entonces etiquetamos, ponemos distinciones, opinamos, generamos un juicio.

Podríamos decir que estoy continuamente describiendo y sosteniendo la realidad con un discurso propio.

Parecería entonces una utopía y que nos resulte imposible poner la mente en blanco con el objetivo de silenciarnos para captar lo que nos rodea sin las
propias distorsiones.

Al intentar lograrlo generalmente tenemos fantasías de lo que es poner la mente en blanco.

Algunos imaginan literalmente pensar en el color blanco o intentar visualizar una pantalla de cine blanca, un paisaje nevado etc. Con estas fantasías de lo que es “poner la mente en blanco”, sigo metido y creando desde mi pensamiento.

Del mismo modo hago descripciones del mundo, situaciones y personas, calificando de lindo, feo, bueno, malo, agradable, desagradable, me conviene, no me conviene.

Continúo así sosteniendo mi propio discurso, mis propias opiniones. También está lo que me describieron otros, algo que me contaron a mí de cómo deben ser las cosas.

Yo sigo contándome esta realidad a mí mismo reacomodándola de acuerdo a mis gustos o disgustos. Genero así más y más ilusión sobre eso que está u ocurre allí con mis interpretaciones.

Con este modo de intentar comprender lo que pasa no produzco en mí la calidad de silencio necesario para observar, conectarme y palpar lo que realmente es.

Las disciplinas orientales nos dicen que nada de esto tiene que ver con la Realidad.

Este modo de funcionar y “leer” lo que pasa me aleja de ella, me impide ver, escuchar o sentir lo que verdaderamente ES para luego poder tomar mis
decisiones y actuar en forma acorde a lo que realmente está pasando.

Castañeda nos dice:

Nos hablamos incesantemente a nosotros mismos acerca de nuestro mundo.
De hecho mantenemos nuestro mundo con nuestro diálogo interno y cuando dejamos de hablarnos sobre nosotros mismos y nuestro mundo el mundo es siempre como debería ser. Con nuestro diálogo interno lo renovamos, lo encendemos de vida, lo sostenemos.

No solo eso si no que también escogemos nuestros caminos al hablarnos a nosotros mismos. De allí que repitamos las mismas elecciones una y otra vez hasta el día en que morimos, porque continuamos repitiendo el mismo diálogo interno una y otra vez hasta el preciso momento de la muerte. Un guerrero es consciente de ello y lucha por detener su diálogo interno
.”

Este diálogo interno o pensamiento cotidiano tiene un formato, un modo y se puede mapear, puedo darme cuenta de cómo funciona.

Suelo estar imaginando como en una película cosas, sucesos pasados o verme a mi misma actuando, hablando y diciendo tal o cual cosa en el futuro. Puedo escuchar un discurso optimista o pesimista y esto parece venir de ciertos lugares del cuerpo o fuera de él. Esto es una forma de describir lo sucedido o lo que sucederá y obviamente es falso. Estaría interpretando, sobre interpretando, imaginando.

Esto crea algunos problemas. Por ejemplo miro a alguna persona y me digo: "Esta persona se parece al tío Francisco".

El tío Francisco puede haber sido buena o mala persona, este recuerdo tiñe mi visión, mi escucha y mi sentir de este momento presente y a partir de mi descripción, bañada por el recuerdo, comienzo a conectarme desde un lugar irreal e inadecuado con este ser que tengo delante de mí.

No lo observo a él, no escucho ya lo que dice ni presto atención a lo que hace. Está sobre impuesta todo el tiempo ésta máscara que le impuse del tío Francisco.

Esto no solo lo hacemos con las personas, lo hacemos con los lugares, lo hacemos con las plantas, con los animales.

A lo que son realmente le agregamos “lo nuestro”.

Si uno lograse, hacer un alto del tiempo y pudiera parar con esta narración del mundo, de etiquetar, de imaginar, de rellenar, de charlar sobre él, este parar le permitiría realmente percibir lo que ES.

Tenemos que darnos cuenta de que modo funcionamos para “leer el mundo”.

Todos usamos nuestros sentidos y tenemos imágenes visuales, o charlas, nos imaginamos diálogos, también sentimos físicamente cosas de instante en instante.

Para describir la realidad usamos los sentidos y leemos con nuestro canal de preferencia mas fuertemente que los otros restantes.

Entonces preguntémonos:

¿Con que describimos mas?

¿Es con la vista?, o sea de modo visual.

¿Somos más sensibles a los sonidos, a lo auditivo, o sentimos con nuestra piel y funcionamos priorizando lo cenestésico?

Esto es lo que tenemos que descubrir, el modo en que percibimos lo que nos rodea.

Nos damos cuenta así que este funcionamiento nos aleja de simplemente conectarnos con lo que ES, con lo que está ocurriendo realmente.

Intentamos asecharnos, observarnos en el presente, mientras transcurre la acción o el estar, en que estoy involucrado.

Por ejemplo cuando estamos con alguien o en presencia de algo, sea del reino mineral, vegetal o animal. Intentemos asecharnos de instante en instante.

El silencio tiene que ver con hacer lo que estoy haciendo y cuando aparecen pensamientos de juicio, queja, opinión o un modo de ver, de percibir o escuchar que engloba estos pensamientos, darme cuenta de lo que me está sucediendo e intentar volver a conectarme sin este mecanismo descriptivo o explicativo.

Otro funcionamiento “trampa” que tenemos es el famoso debería...

Debería hacer tal o cual cosa y entonces nos dejamos estar y no realizamos la acción pertinente.

Pierdo energía cuando me digo, "tengo que sentarme a escribirle a fulana, debería de arreglar los estantes y sacarle la tierra a los libros, tendría que limpiar la heladera, me gustaría tener tiempo de visitar a María".

Entre el debería y la acción no debe haber espacio de tiempo.

Distinto es que programe hacer la tarea, la entrevista o lo que sea tal día de la semana.

Si ese día comienzo con el debería allí pierdo energía.

Me quedo pegada a esa situación o cosa que debería hacer y no hago, eso me consume.

Mas cosas tenga “pegadas” de este tipo, ocurrirá que las arrastraré a otras actividades, consumiendo mi potencial de acción, cansándome por anticipado.

Debo lograr que mi mente inconsciente confíe en mi.

Si me dije, postergaré esto para tal día, me ocuparé de ello en ese momento, conviene que lo haga o mi mente inconsciente no confiará mas en mi.

Pierdo confianza en mi misma y continuamente me rebota el pensamiento de “eso” que dejé “colgado”.

Lo interesante de todo este proceso de ir logrando parar el diálogo interno es que cuando uno para de describir y opinar del mundo paramos también de describirnos y opinar de nosotros mismos, nos da por primera vez libertad.

Es ilusorio pensar, por ejemplo, que lograremos soluciones y respuestas a nuestras preguntas metafísicas que parecen a veces un ping pong.

¿Qué pasa después de morir, a donde voy, por que existe la muerte, quien inventó esta situación tan dolorosa e inexplicable?
¿Cómo será Dios, forma, tamaño, color, energía, alcance...?
¿De que se trata la creación, cual es su sentido? ¿Porqué el sufrimiento?
¿De donde venimos, adonde vamos?
¿Cuál es el sentido de la vida?
¿Qué podemos hacer cuando aparecen estos pensamientos?.

Simplemente observarlos sin condena, explicación, juicio, culpa o intento de encontrarle respuesta.

En un libro que leí, recuerdo que un discípulo paseaba con su maestro y al cruzar un puente y viendo unos peces de colores nadar y sumergirse le comentaba que a veces observaba como subían a la superficie de su mente, como carpas doradas nadando, pensamientos que no sabía de donde venían.

El maestro le comentó que los observara simplemente pasar.

Uno puede tener todo lo que eligió para pedirle a los reyes magos y a los genios de la lámpara, nos dan todo eso y uno sigue carente.

Si no logro parar la descripción del mundo, la prisión va donde yo voy.

Entonces uno de los ingredientes importantes es parar la descripción del mundo y parar la descripción de uno mismo.

De lo que puedo, de lo que no puedo, de lo que soy, de lo que no soy, de lo que me gusta de mí y de lo que no.

Si paro con esto me libero y tengo la posibilidad de comenzar a conocerme.

Puedo ser cualquier cosa, hacer cualquier cosa, lograr cualquier cosa.

Eso es lograr libertad

Lic. Cristina Cravero



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